lunes, 27 de abril de 2015

Demonios.

Y un día, desperté, y no se sentía igual.
Todo, ya no era igual.
Un día desperté y ya no era Yo, era Otro.
Amaneció y como es costumbre me veo al espejo para saludarme, pero no era Yo, era Otro.
Pero no cualquier Otro, era el Otro que Yo conozco muy bien.
No se trata de otro Yo, o algo por el estilo.
Si no, más bien; es un demonio.
Un demonio que conozco bien.
Caminábamos juntos.
Llegué a pensar que era mi amigo.
Y más allá, pensé que era Yo.
Tarde un poco en darme cuenta el porque de los pensamientos desagradables, no era míos, eran de él.
¡Y lo descrubrí! Y batallamos en mi espacio, y no pudo vencerme porque ya estaba vencido, sólo tuve que hacérselo recordar.
Pero ahora, aparece en un momento de debilidad mía, donde mi Fé no es mi fuerte.
Me hallo en una batalla donde mi Espíritu es quien lucha por quedarse en mí.
Quiero que gane, pero no sé si lo merezca.
La oscuridad se ha vuelto agradable, paso noches en vela, pensando mientras todo es tinieblas.
En mi afán por encontrar sentido a la oscuridad, me pierdo en mi mente y no hallo lugar para descansar, la luz es cada vez más tenue.
Y así.
Un día desperté.
Y no se sentía igual.


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